Posteado por: Carlos Tito | 16 febrero, 2006

CREACIÓN DE BOLIVIA (Epilogo)


LA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA

 

Y así es como, en las líneas anteriores escritas de prisa como para salvar la urgencia de no cansaros, vengo a sosteneros la existencia de Bolivia, no como un artificio sino como un proceso nacional que emerge desde las primeras comunidades indígenas asentadas en este territorio. Me toca ahora –también en forma superficial –referirme a la guerra de la independencia como otro poderoso determinante histórico que operó consolidando la nacionalidad y afirmando fronteras históricas en las que son nuestras fronteras geográficas.

 

La lucha por nuestra independencia se desarrolló en tales condiciones que demostró al Alto Perú  que así como debía contar con sólo sus esfuerzos para darse la libertad, que así como estaba sólo ante la adversidad, así también en la vida independiente debía vivir como unidad política  autónoma.

 

Siempre repetimos en nuestros discursos que nuestra Patria fue la primera en lanzar el grito de libertad y la última en conseguirla. Y así fue, en efecto: mientras se lucho por la libertad en América, en la homérica epopeya de quince años, no hubo un solo día que en el Alto Perú no se derramase sangre por la libertad.

 

Pero debemos comprender que desde 1809, en Chuqisaca, hasta 1825 en Tumusla, esa sangre vertida no se derramo para que florezca en laureles, sino que se coaguló como un poderoso cohesionante de la nacionalidad por la que combatía.

 

El 25 de mayo de 1809 se lanzó el primer grito de independencia y combatimos, nosotros, los altoperuanos, solos y sin recursos hasta Abril de 1825 en Tumusla por conseguir la independencia. La lucha fue ejemplar en su bravura. Bartolomé Mitre, al historiar la emancipación sudamericana, expresa que probablemente el capitulo más heroico está en la guerra de guerrillas de los altoperuanos.

 

Dice así Mitre:

“Con fortaleza para resistir y morir estoicamente en los campos de batalla y en los suplicios, y aún para triunfar, algunas veces casi inermes las muchedumbres insurreccionadas del Alto Perú ofrecen uno de los espectáculos más heroicos de la revolución sudamericana”.

 

Ya en la sublevación tupacamarista, que tuvo contornos continentales, en 1780, la rebelión se inició en el Alto Perú, en un pueblito de Chayanta, Macha, donde Tomás Catari dio el primer grito libertario.

 

Macha y Chuquisaca, Tomás Catari y los Zudánez señalan el destino continental del Alto Perú.

 

Y para interpretar el movimiento libertario de la América y el rol central en la iniciación, por un lado, y aislamiento en el desarrollo, por otro, nos atenemos a la teoría de la revolución concéntrica que la explica:

 

            Los movimientos concéntricos de la emancipación.

 

Al historiar la emancipación sudamericana, se observa dos grandes movimientos concéntricos simultáneos –al Sud y al Norte –que avanzan paralelamente, extendiéndose en ondas que abarcan cada vez mayor superficie hasta converger y chocar las fuerzas de expansión revolucionaria y fusionarse constituyendo la acción libertaria en superficie continental.

 

Foco de una de esas revoluciones concéntricas fue el Alto Perú, pero después quedo aislado hasta convertirse en el último bastión de resistencia española.

 

A grandes rasgos señalamos los dos movimientos concéntricos del Sud y el Norte, que son a su vez dos grandes rutas militares con dos genios militares a su cabeza: San Martín y Bolívar.

 

En 1809 estalla el primer foco insurreccional del Sud en el Alto Perú.

 

En 1810, por obra de sus mensajeros, ambos movimientos iniciales lograron expansión constituyendo finalmente los núcleos de condensación central: Buenos Aires, al Sud; Caracas, al Norte.

 

En 1809 estalla en el Norte, el primer foco insurreccional del Norte, en Quito.

 

En Santa Fe de Bogotá y en Buenos Aires, sede de los Virreinatos de Nueva Granada y de la Plata, respectivamente, cayó la corona de España y se establecieron juntas revolucionarias. De allí las ondas concéntricas fueron propagándose hasta generalizar la lucha en todos los ámbitos de la América, en la montaña y en la pampa, en la sabana y en los ríos.

 

En 1814 la revolución sudamericana parecía vencida. Entonces aparecieron los dos capitanes que personifican los dos gestos emancipadores: Al Sud, San Martín; al Norte, Bolívar.

 

Los dos libertadores avanzan desde este momento trazando las estrategias de los movimientos emancipadores. Forjadores de naciones y libertadores de pueblos, capitanes y estadistas al mismo tiempo, son el alma condensadora de las ansias colectivas. Desde ese momento las revoluciones del Sud y del Norte, ya no aparecen en el plano de las muchedumbres sino de estas dos espadas. Pero continúa el sincronismo de la revolución convergente.

 

San Martín concibió la idea genial del Paso de los Andes y llevó su Ejército del Atlántico al Pacífico.

 

Bolívar pasó los Andes Ecuatorianos y llevó las huestes libertadoras del Caribe al Mar de Balboa.

 

En el Sud se liberan dos grandes batallas: Chacabuco y Maipú.

 

En el Norte: Boyacá y Carabobo.

 

Surge Chile independiente. Al Norte, la Gran Colombia.

 

Al Sud, las provincias Unidas y Chile forman una alianza política y militar y constituyen el Ejército Argentino-Chileno.

 

Al Norte se forma una federación con Venezuela, Cundinamarca y Quito y se forma el Ejército Libertador Colombiano.

 

Las dos ondas concéntricas avanzan una en pos de la otra:

 

San martín hacia el Perú. Bolívar hacia el Ecuador.

 

Con la toma de Lima y con Bomboná y Pichincha ambas revoluciones –del Sud y del Norte –han quedado consolidadas. Casi toda la América está en manos patriotas. Es 1822, el instante de Guayaquil.

 

Los dos libertadores marchan a entrevistarse: las dos ondas concéntricas libertadoras que han llegado al máximo de su expansión, marchan a confundirse y plasmar su unidad nacional.

 

La entrevista de Guayaquil es el momento estelar. La extraordinaria conjunción de los cometas en los espacios siderales de la historia.

 

Las dos ondas concéntricas se fusionan. Sumaron sus efectos. Bolívar asumió la dirección militar. Otras dos batallas sellaron la independencia: Junín y Ayacucho.

 

Y mientras tanto el Alto Perú, en línea excéntrica de los movimientos quedó abandonado a su suerte y a sus fuerzas. Aislado, en el abrazo de sus propias montañas; ni los ejércitos libertadores del Norte ni las fuerzas expedicionarias del Sud, señalaron su libertad como objetivo militar ni política inmediata. Las Provincias Unidas del Río de la Plata, a las que pertenecía el Alto Perú, había desistido en su empeño de libertarlo e incorporarlo a su seno, dándole las espaldas, para trasmontar los Andes hacia el Pacífico. Pero el Alto Perú –cuna heroica de la independencia americana –seguía combatiendo sin planes estratégicos, pero con heroísmo; sin grandes generales, pero con hijos del pueblo, empecinados y bravos, corajudos y tenaces. Cada montaña era un pendón de libertad.

 

Si el alto Perú había combatido solo, ¿no era justo que hubiera formado una sólida conciencia de que debía vivir independiente? Los 15 años de lucha los empujaban a vivir como país independiente, con mayor rigor que las argucias de Olañeta, a las que se atribuye la paternidad de Bolivia.

 

Cuando San Martín concibió el plan militar de pasar los Andes hacia Chile, y ya no subir con las fuerzas argentinas hacia el Alto Perú, estaba sellada la independencia boliviana. En 1825 los unos y los otros tendrían que rendirse ante la evidencia de los hechos: el Alto Perú sólo podía vivir como nación soberana.

 

¿Por qué San Martín abandonó al Alto Perú a su propia suerte? ¿Se trataba de una simple idea militar o era la conformación de una realidad invencible, geográfica e histórica? Se trataba de lo segundo.

 

Los Ejércitos Auxiliares Argentinos habían fracasado en sus objetivos. Habían sido derrotados tres veces, en forma desastrosa, en el territorio altoperuano. Cuando las fuerzas argentinas derrotadas se replegaban al Norte argentino, los españoles pasaban Humahuca y eran derrotados a su vez.

 

Oigamos lo que dice el mejor historiador de San Martín, el general Mitre:

 

“En los cuatro años que iban corridos de la revolución, se había repetido (y debía repetirse constantemente) un hecho que no podía escapar al ojo observador de San Martín.

 

El movimiento revolucionario iniciado en Buenos Aires el 25 de Mayo, se había propagado sin violencia por las vastas llanuras de la cuenca del Plata que se desenvuelve entre el Atlántico y los Andes. En el punto en que empiezan a levantarse por el Norte las montañas que la limitan del Alto Perú, el movimiento se había detenido como las ondas que tropiezan con un obstáculo, conservando su impulso inicial”. “Hasta allí la revolución argentina era una ley normal que se cumplía por su propia virtud. Más adelante tenia que atravesar desfiladeros, trepar alturas y penetrar a otra zona; tenia que avanzar en son de guerra, imponerse por las armas y mantenerse combatiendo, a condición de triunfar siempre, porque hasta allí únicamente alcanzaba la acción eficiente de las fuerzas vivas de su organismo político y social”.

 

“Por dos veces el ejército argentino había penetrado triunfante al Alto Perú, y por dos veces retrocedieron desplazados hasta el límite en que la oleada revolucionaria de Mayo se detuvo, recobrando nuevas fuerzas al retroceder”. “A su turno, toda vez que los españoles vencedores traspasaron ese limite, fueron completamente vencidos, viéndose obligados a retroceder a sus antiguas posiciones para rehacerse. Este hecho sincrónico, que se ha repetido tres veces (y que se repetiría normalmente por nueve veces consecutivas), parecía en efecto obedecer a una ley fatal, y debía necesariamente reconocer una causa y tener su razón de ser”.

 

“Así, desde los primeros días de la revolución, las nacionalidad argentina empiezan a diseñarse geográfica, política y socialmente, por la naturaleza del suelo, la homogeneidad de la raza, y la atracción o repulsión latente de los elementos constitutivos de la colectividad, que se agrupan según sus afinidades”.

 

¿No se ve, claramente, señores, que los hechos históricos, esa ley de las derrotas y las victorias que se repite con los Ejércitos Auxiliares argentinos, traza las fronteras de las nuevas nacionalidades americanas y que es un embuste aquello de que sólo, por los Olañeta y otros doctores, se constituyó en nación independiente el Alto Perú?.

 

LA HISTORIA, LOS HISTORIADORES

 

Me siento constreñido por mi obligación de no cansaros. Pero debo decir que en materia de documentos y de hechos tendría mucho que mostrar y analizar en apoyo de mi tesis entusiasta.

 

Yo la llamo entusiasta a esta mi tesis porque hablo de la historia de un pueblo. Por que hablo de la razón de vivir de una nación, que no puede seguir existiendo negándose a si misma. El absurdo geográfico, el pueblo enfermo, la tesis de que Olañeta metió en la cabeza a Sucre la idea de convocar a una Asamblea en el Alto Perú para que este decida de sus destinos; la sugestión de que estábamos en inferiores condiciones que los vecinos; que debimos ser provincia de nuestros vecinos y no país libre, son enunciados que figuran en nuestros textos de historia y están fabricados para crear el complejo de inferioridad, para robarnos la fe en nosotros mismos, que es como renunciar a la libertad: porque no se puede ser libre sin tener conciencia de la personalidad.

 

La historia de Bolivia ha sido escrita contra Bolivia. El antibolivianismo de las páginas de historia fomenta la Colonia. Para conseguir nuestra independencia económica junto a nuestra independencia política, para ser libres de verdad, necesitamos una historia de Bolivia escrita con alma de bolivianos.

 

A la historia oficial negativa, contesto con estás páginas de historia entusiasta; las digo en la esperanza de que otros la concluyan.

 

Las batallas y las montañas, los hombres y los accidentes, habían acentuado el proceso de nuestra nacionalidad. En 1825, la evidencia era completa: por su personalidad característica, por su aislamiento en los hechos, por su geografía, por su desvinculación del Perú a cuya jurisdicción ya no pertenecía, por su alejamiento del río de la Plata cuyos fracasos militares habían formado las barreras de las que habla Mitre, el Alto Perú, después de Ayacucho y Tumusla, no podía ser de otro que de sí mismo.

 

Así lo comprendieron todos. Lima y Buenos Aires que ratificaron en sus decretos el derecho a la autodeterminación. Sucre y Bolívar; Álvarez de Arenales que se encontró con la firme voluntad de Tarija de pertenecer al Alto Perú; Alvear y Díaz Vélez que vinieron en misión diplomática del Río de la Plata; en fin, analizando cuidadosamente los documentos, se llega a la conclusión de que las provincias altoperuanas sólo podían organizarse independientemente.

 

Llegamos a esta altura de la exposición al instante en que el Mariscal Sucre, vencedor de Ayacucho, debe marchar al Alto Perú donde todavía subiste el último reducto de la resistencia española.

 

SUCRE Y LA FUNDACIÓN DE BOLIVIA

 

Antes de cruzar el Desaguadero es forzoso que medite en la suerte de aquel país al que lleva las armas libertadoras por primera vez. El Alto Perú pertenece jurídicamente a las Provincias del Río de la Plata, pero el gobierno de aquellas provincias está sumido en la anarquía y ya, desde 1814, como hemos visto, las abandono a su suerte.

 

Unir las provincias del Alto Perú al bajo Perú, por el Ejército Libertador era un acto arbitrario y contra el sentir de ese pueblo que tanto había combatido por la libertad.

 

Entonces el Mariscal de Ayacucho lanzó su célebre e histórico decreto de 9 de Febrero, que constituye la piedra angular de la república por que da validez a la autodeterminación del pueblo altoperuano, convocando a una Asamblea que delibere y resuelva sus destinos.

 

Al referirse a este decreto los historiadores, basándose en una aserción de Urcullu, han atribuido a don Casimiro Olañeta la inspiración de esta idea y, por deducción, la paternidad de la república.

 

Sería largo enumerar quienes y cuantos de nuestros historiadores y publicistas incurren en este error. Pero son la mayoría, los que copiándose los uno a los otros, pagan este tributo a la mentira.

 

Cito algunos rápidamente.

 

En textos escolares como los de Díaz Villamil y de José María Camacho se sostiene que Olañeta inspiró a Sucre y hasta que redactaron juntos el Decreto, según el segundo.

 

Sabino Pinilla en su libro “La Creación de Bolivia”, afirma que Olañeta llegó hasta Puno y fue, quien sugirió el Decreto. Alcides Arguedas llega a decir que fue empujado por Olañeta para redactar el Decreto de 9 de Febrero.

 

Y así, unos y otros, con excepción de J. M. Urquidi y Finot, hasta Madariaga, quien copia a Pinilla las mismas falsedades.

 

Merece destacarse el trabajo de Humberto Vásquez Machicado (El Mariscal Sucre, el doctor Olañeta y la Fundación de Bolivia) que destruye con argumentación irrefutable, basado en los documentos históricos, tan peregrina tesis.

 

Sucre y Olañeta se entrevistaron en punto y, según el doctor y por las cartas del Mariscal se establece que el 4 de Febrero en Acora, camino de Puno a La Paz, Olañeta le habló a Sucre sobre los asuntos del Alto Perú.

 

Carta de Sucre al Libertador, a 5 de febrero:

 

“Ayer he hablado mucho con el doctor Olañeta sobre el estado de las provincias del Alto Perú… etc.”.

 

Carta de Sucre a Bolívar de 3 de Febrero en Puno:

 

Le habla que se entrevistará con Olañeta recién y le dice:

 

“Anoche, pensando en los negocios del Alto Perú, he arreglado las ideas del decreto adjunto para darlo al llegar a La Paz, si aquellas cosas tienen buen semblante. Lo quería dar a nombre de Vd., etc.”.

 

O sea que el 2 de Febrero en la noche ya tenía redactado Sucre el decreto, antes de entrevistarse con Olañeta.

 

Todavía hay otra carta, de 1° de Febrero en que Sucre le dice a Bolívar:

 

“Yo estoy, mientras recibía órdenes de Vd. Por la tal Asamblea que resuelva lo que guste de esos pueblos”.

 

Al decir “la tal Asamblea” establece ya un antecedente conocido de que ya había hablado sobre una asamblea en el Alto Perú.

 

Ya en fecha 8 de Enero, Sucre escribió al Libertador desde el Cuzco:

 

“Tenemos que trabajar en un país que no es del Perú, y parece que quiere ser de sí mismo”.

 

Estas frases ya son concluyentes para destruir la idea de que la fundación de la República se debe a los argumentos de Olañeta.

 

Todavía hay más, de 1° de Enero de 1825, más de un mes antes de conocer a Olañeta, el General Sucre dirige desde el Cuzco un Oficio a las “Muy Ilustres Municipalidades de La Paz, Cochabamba, Chuquisaca y Potosí”, por medio de las cuales comunica a los vecindarios:

 

Me es agradable declarar a todos los pueblos que el Ejército no lleva a esos países la menor aspiración: sus armas no se ocuparán sino de garantizar su libertad; les dejaremos a su más amplio y absoluto albedrío para que resuelvan sobre lo que gusten, para que se organicen del modo que proporcione su libertad…”

 

No son terminantes estas palabras dirigidas a las municipalidades y que entrañan un compromiso con los pueblos para respetar su auto determinación?

 

Está demostrado documentalmente que Sucre, no por la falacia ni por la verba, avasalladora de Olañeta, como dice Arguedas, sino rendido ante la evidencia de los hechos y ante la voluntad de ser de una nación, tuvo que optar ese camino porque –según hemos leído –el Alto Perú no quiere ser sino de sí mismo.

 

            Pero no es sólo Sucre quién pensaba así: desde Buenos Aires, el 6 de Febrero el Gobierno del Río de la Plata, comisiona el General Álvarez de Arenales que, con respecto al Alto Perú y al Ejercito Colombiano, consigna:

 

“la libertad más completa de las provincias para disponer como mejor les conviniere a su suerte”.

 

Del Cuzco a buenos Aires la voluntad de vivir independientemente del Alto Perú es un hecho de tal fuerza que obliga a reconocerlo a ejércitos y gobiernos. Era el grito unánime por nuestra independencia.

 

 

BOLÍVAR Y LA AUTONOMÍA DEL ALTO PERÚ

 

Nuestros historiadores en vez de afirmar la voluntad de ser de la nación que se patentizo en esos días de la República, se han aferrado al embuste de que somos engendros de la ambición de los doctores altoperuanos.

 

Y todavía para dar la fuerza moral a su tesis, sostienen a los cuatro vientos que Bolívar fue enemigo de nuestra independencia como República, porque hizo conocer a Sucre, su censura por haber expedido el decreto sin su autorización.

 

Nosotros sostenemos que Bolívar estaba de acuerdo con que se haga la voluntad del Alto Perú de constituirse en República independiente. Su oposición era formal. Deseaba que Sucre le hubiese consultado y hubiese esperado su respuesta, porque creía que aquel paso era precipitado y podría traer entorpecimientos con Buenos Aires y el Perú. Obsérvese que se trata solamente de precipitación, de procedimiento y no de oposición al fondo de la idea: la independencia del Alto Perú.

 

Los documentos prueban en forma admirable, con argumentos tan bellamente expresados, que ellos deberían ser consignados en nuestros libros de historia, para dar por tierra con aquella supuesta oposición de Bolívar.

 

Ahí están:

 

Sucre, desde Potosí, le escribe al Libertador:

 

“Yo tuve presente que en una conversación en Yacán (Pueblo cerca de Yanahuanca) me dijo Ud. que su intención para salir de las dificultades del Alto Perú era convocar una asamblea de estas Provincias”.

 

¿Podía mentir Sucre al justificar su conducta? No es posible suponerlo.

 

Las palabras y las intenciones del Libertador quedaban indelebles en el ánimo del Mariscal de Ayacucho y por eso jamás las olvidaba.

 

Pero Sucre esta seguro de su afirmación y escribe al General Santander, el 23 de Abril:

 

“Parece que el Libertador ha desaprobado la convocación de la Asamblea general como un paso que puede comprometernos, pero la idea fue antes de él que me la dio en la campaña y es la única que salva a estas provincias de la anarquía que las amenaza, de otra manera” es suficiente que el Mariscal de ayacucho, el impecable, afirme que Bolívar fue el autor de la idea para que lo tengamos por cierto. No podría asegurar, con tanta certeza, calumniando a Bolívar.

 

Pero es el propio Bolívar el que ratifica estos hechos:

 

(Carta a Sucre, de 26 de Abril, desde Cuzco).

 

“Convenga Ud. conmigo aunque le duela su amor propio, que la moderación de Ud. le ha dictado un paso que jamás pudo ser bastante lento”.

 

Demuestra sólo contrariedad en la ligereza, pero afirma que está totalmente de acuerdo con la autodeterminación del Alto Perú, cuando párrafos después dice:

 

“Vd. supone que a mi me parecerá bien la Convocatoria de la Asamblea cuando llegue al Alto Perú. Tiene Vd. razón en suponerlo; y diré más: que me gusta; y añadiré todavía más: que a mí me conviene sobremanera”.

 

En otra carta de 15 de Mayo, ratifica de nuevo que sus temores sólo eran procedimentales pero que estaba de acuerdo con la idea de la Asamblea.

 

Los sentimientos de Vd. concuerdan con los míos de un modo tan maravillosos que no puedo menos de confesar a Vd. que yo también hubiera deseado que Vd. diese el paso que dio, para dejar en amplia libertad a esas provincias, cuyas cadenas acaba de romper; también quería yo cumplir mi deber no haciendo más que obedecer a los que me han dado la autoridad que ejerzo.

 

La carta de Bolívar a Sanatander, de 28 de Junio, prueba otra vez que la opinión general, de propios y extraños, con relación al Alto Perú es la independencia; dice así:

 

Tropas de Olañeta que actualmente lo poseen y que entrarán por algún arreglo pacífico. Entregarlo al Perú es una violación del derecho público que hemos establecido y formar una nueva república, como los habitantes lo desean, es una innovación de que yo no me quiero encargar, y que sólo pertenece a una asamblea de americanos. El país es igual en recursos a Guatemala y a Chile, dista infinito de Buenos Aires y poco menos de Lima. El centro viene a estar a quinientas leguas de una y otra capital, o poco menos, pero siempre más distante de Buenos Aires. Se dice que el país es hermoso y muy rico, allá lo veremos, y le escribiré a Vd. lo que parezca mejor y más justo.

 

Bolívar se refiere, como hemos visto, varias veces a la voluntad de ser de Bolivia, factor aglutinante de la nación boliviana en esos días de la iniciación de la República.

 

Aquí debo terminar:

 

Mucho más tendría que exponer: razones sociológicas, estudio comparativo de los países sudamericanos y sus posibilidades en este instante, el desarrollo de la Asamblea Deliberante y muchas cosas más que ya no hay tiempo para desarrollar.

 

He aquí desarrollada unas cuantas ideas en servicio de ideales bolivianos:

 

Me preguntaréis ahora sobre mi conferencia.

 

“Es muy raro lo que sucede en el alto Perú, él quiere ser independiente y todo el mundo lo quiere dejar con la independencia, Sucre y yo, por nuestra parte, hemos hecho lo justo, y los dos congresos del Perú y Buenos Aires hacen lo mismo”.

 

Pero donde está admirablemente concretado el pensamiento de Bolívar sobre el Alto Perú, es una carta fechada en Lima, el 18 de Febrero de 1825; allí está su pensamiento, días antes de reconvenir a Sucre por el citado decreto. Esta carta, por su fecha y contenido, demuestra lo que pensaba Bolívar antes de saber que Sucre había dictado el Decreto:

 

“El alto Perú pertenece de derecho al Río de la Plata, de hecho a España, de voluntad a la independencia de sus hijos que quieren su Estado aparte, y de pretensión pertenece al Perú que lo ha poseído antes y lo quiere ahora. –Hoy mismo se está tratando en el Congreso de esto, y no se lo que resuelvan. Yo he dicho mi dictamen a todo el mundo haciendo la distribución en los términos que arriba quedan indicados…”

 

“entregarlo al Río de la Plata es entregarlo al gobierno de la anarquía y dar de sentir a los habitantes al entregarlo al Perú es una violación del derecho público que hemos establecido”

 

¿Cuál mi homenaje a Bolívar?

 

Destruir la tesis de que Bolívar se opuso a la formación independiente de Bolivia. Reconciliar así, ante la conciencia existente del futuro, a Bolivia con Bolívar así. Porque el bolivianismo de mañana no perdonaría a Bolívar haber negado a esta nación su personalidad histórica y política.

 

¿Preguntaréis cuál mi homenaje a Bolivia?

 

Mi esperanza en sus destinos.

 

Nada podríamos emprender en el futuro, no podríamos iniciar la gran empresa de mañana, si aceptamos la historia oficial del antibolivianismo.

 

Negarnos como nación, como sangre, como suelo, es abrir los caminos del entreguismo y el coloniaje.

 

En respuesta a los escritores, historiadores y políticos que han negado a Bolivia y han denigrado a los bolivianos, despertemos la fe en nosotros mismos. La conciencia de la bolivianidad es lo principal, es lo básico, lo urgente.  Una conciencia vigilante que nos señale nuestros errores y nuestras virtudes, no para renunciar a nuestros destinos, sino para superarnos.

 

Es verdad que la historia de la república tiene poca grandeza, pero recuerdo la frase de Chesterton:

 

“Los romanos no amaron a Roma porque fuera grande. Fue grande porque la amaron”.

 

Para vencer el infortunio nos queda el amor a Bolivia.

 

Ese amor a Bolivia hará milagros a despecho de los antibolivianos.

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