Posteado por: Carlos Tito | 16 febrero, 2006

CREACIÓN DE BOLIVIA


Conferencia pronunciada por Don Oscar Unzaga de la Vega el 17 de Diciembre de 1951, en el Salón de Actos de la HH. Alcaldía Municipal de La Paz, rectificando el libro “Bolívar”, de Salvador de Madariaga.

 

NACIONALIDAD

 

            El tema se refiere más a Bolivia que a Bolívar. Pero como se trata de una página de historia cargada de esperanza, como se trata de reafirmar los valores de la Nación para impulsarla hacia el futuro, yo creo que mi modesta voz, es una especie de respuesta a la amargura de Bolívar en su lecho de muerte: ¡Libertador, no has arado en el mar!

 

            Una de las rectificaciones que pretendo en este trabajo, es demostrar que Bolívar no se opuso a la creación de Bolivia, como Nación independiente. Y esta rectificación tiene mucha trascendencia para los bolivarianos y para los bolivianos.

 

            Es un embuste aquello de que Bolivia se hizo contra la realidad geográfica e histórica, sólo por el capricho y la ambición de los doctores altoperuanos.

 

Que el libertador no mentía cuando desde el Perú, el 3 de agosto de 1825, escribía al presidente de la Asamblea, antes de que se proclamase la independencia y se diese su nombre a la República:

 

El alto Perú contará con mi espada y con mi corazón: no tengo más que ofrecer”.

 

            Estas rectificaciones son mi pequeño homenaje a la gran gloria de Bolívar.

 

            Al leer a Salvador de Madariaga se me ocurre que tan hondo fue el tajo de la espada de Bolívar en el corazón de la metrópoli, que todavía está sangrando…

 

            Madariaga ha pintado un Bolívar con el fuerte contraste de sus pasiones humanas y en vez de empequeñecerlo, ha destacado mayormente su grandeza. Porque lo que vale en el destino del hombre, es la lucha interior.

 

            Cumplir un destino de grandeza, a pesar de nuestras propias miserias; he ahí el secreto de la virtud.

 

            Bolívar tenía muy grandes y feos defectos. Pero cumplió su destino de  Libertador y de estadista. ¡Y ahí está su gloria!

 

            Como enseña Carlyle tengo mis héroes, en la intimidad de la conciencia.

 

            Mi Bolívar no es un semidiós, ni un genio, ni un astro como el sol: es nada menos que todo un hombre.

 

            Entro en materia con una afirmación rotunda y de esperanza: todavía no se ha escrito la historia de Bolivia para Bolivia.          

 

            La crónica de acontecimientos, desde Urcullo hasta Arguedas, es un relato pero no una historia. Carecen del sentido vital, de la emoción de interpretar la vida de un pueblo, con sus grandezas y sus miserias, con sus caídas y sus auroras. Nuestros libros de historia oficial, aparte de carecer de ese sentido de Patria, de no trasuntar la vida y la pasión por el pueblo, son una relación cronológica de hechos dispersos. Nuestra historia está plagada de contradicciones y mentiras.

 

            Don Humberto Vásquez Machicado ha llamado a estos embustes “blasfemias históricas” y se ha ocupado de desmentir, consideraciones reconocidas.

 

            Las mentiras de nuestra historia se copian unos de otros, sin beneficio de inventario y cuando leemos esas crónicas nos da el desgano de vivir como Nación. Y nos es que quisiéramos una historia óptima sino que buscamos una historia verdadera. Hasta en el desastre y la decadencia se puede hallar lecciones que nos empujen a la conquista del futuro. Sólo la negación colectiva podría llamarse la renuncia al destino de Bolivia.

 

            Hay una especie de entreguismo de lo boliviano en nuestra historia, como hay entreguismo de riqueza en nuestra economía.

 

            La historia –cita Ortega y Gasset –debe ser siempre escrita con entusiasmo. La voluntad de ser y el entusiasmo de vivir.

 

            Si yo tuviese más tiempo en esta charla, os demostraría la historia que se enseña en nuestros colegios y escuelas, una historia que lo único que conseguirá para el futuro será ciudadanos abúlicos y escépticos.

 

            No es un pueblo enfermo. Es una historia enferma la de Arguedas.

 

            Pretendo, en esta charla, más por entusiasmo que por erudición, desmentir algunas falsedades de nuestra historia oficial, con referencia a la fundación de la República.

 

            Estas falsedades son las siguientes:

 

a)      Que Bolivia, al organizarse como Nación independiente, fue un artificio: fruto de la ambición y los trabajos de los doctores altoperuanos.

b)      Que no tenía condiciones para organizarse independiente.

c)      Que el Mariscal Sucre dictó el Decreto de 9 de Febrero, que facultaba a las provincias del Alto Perú a deliberar sobre sus destinos, a inspiración del doctor Olañeta y que, en consecuencia, Sucre fue victima de la falsía e intriga del famoso político alto-peruano.

d)      Que Bolívar, conocedor de la realidad americana, se opuso a ese decreto y, lo que es más, fue contrario a que el Alto Perú se organice como nación soberana.

 

Nada de eso –que circula en la mayoría de nuestros textos de historia –es verdad.

 

Bolivia es una nación. Sometida a la dramaticidad de su destino, padece hoy día lo que Spengler llama pseudomorfosis históricas y políticas que no corresponden a su realidad, pero ello no debe llevarnos a negar la existencia de la Nación.

 

Los fundadores de la Nación se equivocaron al darnos leyes pero no al darnos Patria. Su error no consistió en haber declarado nuestra independencia como Nación sino en haber copiado para esa nacionalidad naciente y convulsiva, servilmente las leyes y los códigos europeos.

 

Las leyes no se adoptan, se adaptan.

 

Bolívar no se opuso –como demostramos –a la nueva República. Quiso darle una Constitución pero no una Constitución de cartulina, copia servil de las europeas, sino una sincera adaptación a nuestras realidades e idiosincrasia.

 

Bolivia, geográfica e históricamente, era una nacionalidad.

 

Veamos su geografía.

 

LAS RAÍCES DE LA NACIONALIDAD

 

            Todo boliviano que quiera sentir la realidad geográfica de su Patria, la misión histórica de nuestro pueblo, debe empaparse, de las ideas de Jaime Mendoza.

 

            En el Continente Sudamericano que se liberaba de España, tres son los grandes factores geográficos: el Istmo de Panamá, la Meseta boliviana y el Estuario del Plata.

 

            En estos tres factores gira, como sobre un eje, la geografía de Sud-América.

 

Pero la Meseta Boliviana, por extensión, y todo el macizo andino, según Jaime Mendoza, es el factor geográfico de nuestra nacionalidad, opera como un nudo que ata a los distintos grupos geográficos del Continente.

 

            Alberto Ostrita Gutiérrez sostiene que la geografía boliviana:

 

sirve de nudo a las tres estructuras que la rodean

 

la peruana, la argentina y la brasileña”.

 

            Ningún otro país de la América Meridional se halla en igual condición geográfica que Bolivia. El Brasil, a pesar de su enorme extensión. Pertenece a los sistemas hidrográficos del Amazonas y del Plata, pero no del Pacífico. La Argentina, pertenece a Plata y al Atlántico pero no al Amazonas. El Perú al Pacífico y Amazonas: no al Plata. Chile al Pacífico.

 

            Bolivia tiene la triple faz geográfica: Pacífico, Amazonas y Plata.

 

Las naciones son del Atlántico o del Pacífico. Bolivia tiende sus brazos a los dos océanos.

 

En Chuquisaca, de dos gotas de agua, como dice Gabriel René Moreno, una va al Amazonas y otra al Plata.

 

De esta manera el Alto Perú era nudo y abrazo de todo el Continente. Cadena necesaria para la unidad continental y para establecer el equilibrio de esas distintas Américas que se tocaban en nuestras montañas.

 

Julio Méndez sintió esa profunda emoción de americanidad de país y dijo esta frase que debería esculpirse en las escuelas:

 

“Si Bolivia no existiera, habría habido necesidad de crearla”.

 

Esta era la frase que necesitábamos escoger para encontrar nuestro destino.

 

Pero nuestra ausencia de civismo, nuestra búsqueda de frases que nos niegan, las que ayudarían nuestra polonización, como aquella de que “somos un absurdo geográfico”, proclaman indirectamente la negación de Patria.

 

De la frase de Méndez, de aquella que demuestra que Bolivia es indispensable para el destino continental, nunca se la enseñó, sobre esta misma frase debemos meditar, los diplomáticos nuestros si pensaran un poco menos en ellos y sólo con el amor a la patria, podrían haber trazado una política boliviana de finalidades permanentes.

 

Y ese macizo andino, nódulo de América, al bajar con la línea del signo escalonado hacia los ríos, va formando valles, serranías y llanos. Todos los climas y todos los productos en ayuda de una nación y de su economía.

 

El sabio francés d’Orbigny después de visitar Bolivia decía:

 

“Si la tierra desapareciera quedado solamente Bolivia, todos los productos y climas de la tierra se hallarían allí. Bolivia es la síntesis del Cosmos”.

 

Hay que enseñar a los bolivianos que no somos un absurdo de la geografía, porque eso nos conduce a la pereza. Digamos que tanta variedad y producción nos invita al trabajo y a la empresa. Que Bolivia no será un absurdo cuando sea un país de energía y de trabajo. Cuando la política sea una gran empresa histórica y no una gran empresa comercial.

 

El propio Badía Malagrida, el autor de aquel absurdo del “absurdo geográfico”, afirma en su libro que “La posición central de Bolivia le otorga un papel preponderante”, y más tarde añade esto, que comprueba lo que dijo Méndez: “merced a su privilegiada posición geográfica esa nación, está destinada a representan un gran papel internacional en Sud América”.

 

Queda pues dicho que el Alto Perú reunía factores geográficos positivos.

 

He ahí el factor geográfico: “núcleo básico de la nacionalidad boliviana”.

 

Si tales fueron los antecedentes geográficos de la nacionalidad boliviana, hablemos ahora de los fundamentos históricos:

 

Los que refiriéndose a los actores de 1825, hablan de “forjadores de la nacionalidad”, incurren en un equivoco, porque ellos fundaron la República pero la nacionalidad era esa honda y persistente acción del espíritu territorial de que habla Ganivet, manifestada desde lejanos tiempos.

 

Pues esa múltiple geografía de que hemos hablado era el suelo donde se desarrolló el proceso de una nacionalidad, cuyos más antiguos vestigios están en Tiahunacu, después en los pueblos aymaras, luego en el Kollasuyo; siglos más tarde, en la Colonia, la Audiencia de Charcas que vino a llamarse Alto Perú, que conserva ciertas unidades de destino y que luchó sólo en la epopeya de la independencia.

 

A través de esas edades el actual territorio boliviano significa históricamente una unidad territorial y política de acentuadas características.

 

Sin remontarnos a las primeras épocas, hablar de los aimaras –cuyos vocablos encontramos denominando regiones en lejanos pueblos de la República –ya advertimos durante la época del Tahuantinsuyo que el Kollasuyo, la tierra nuestra, mantenía la coherencia de un grupo nacional, la personalidad suficiente de una nacionalidad.

 

El Kollasuyo es un pueblo que inclusive mantiene sus rebeldías y sus luchas en los días de Ollantay.

 

Ese Kollasuyo no abarca simplemente las actuales regiones quechuas de nuestro país, sino que cubre todo el territorio boliviano.

 

Es breve el resumen de esas conquistas: Mita Cápac, avasalló a los aimaras llegando hasta Paria; Cápac Yupanqui, llegó hasta los Charcas, pasando por Cochabamba; Viracocha, llevó sus conquistas a Tarija y Tucumán, origen de la raza quechua en el norte argentino; Tupac Yupanqui, penetro en la región de los Moxos, en los actuales departamentos del Beni y Pando y Huayna Cápac enfrentó a los chiriguanos y es de su reinado el fuerte de Samaypata y otros vestigios del Incario en Santa Cruz.

 

En tiempos de la Colonia se conservó esta unidad política y geográfica de la nacionalidad boliviana.

 

Cuando España resolvió crear Audiencias y Capitanías generales para la administración de justicia y la subdivisión del mando, encomendó este trabajo a hombres que conocían el territorio colonial y se dispuso que dichas jurisdicciones respetasen los límites de las nacionalidades indígenas, en otras palabras, que la Audiencia de Charcas no era otra cosa que la nacionalidad Colla.

 

Y esa audiencia de Charcas, no fue como sabemos, una jurisdicción cualquiera de la Metrópolis, Potosí como centro de la actividad comercial de esos tiempos y Charcas como farol de la cultura, con su Audiencia y su Universidad y su Arzobispado, cohesionaban y potencializaban el proceso nacional.

 

Es lástima que los límites de este trabajo no nos permitan ahondar estas consideraciones.

 

El distrito audiencial pertenecía primero al Perú, pero con la creación del Virreinato de Buenos Aires (1776) pasó a depender del Plata; esta segregación al Bajo Perú y su incorporación al Sud, acentuó la personalidad de las cuatro provincias que empezaron a llamarse Alto Perú, (Charcas, La Paz, Potosí y Santa Cruz).

 

Esa continuidad en el destino, esa persistencia en la unidad territorial, que representaba este país va forjando el proceso de una nacionalidad en forma más nítida y vigorosa que muchas naciones del Continente.

 

Ese Alto Perú en sus quince años de su lucha por la emancipación; en la forma que luchó; enclavado en sus montañas y sin el auxilio del Plata ni del Perú; fortaleció –con el sacrificio y con la sangre y con la ansiedad de independencia –su personalidad histórica como una nación que sólo podía vivir independiente.

 

Al advenir la República se sentó el principio fundamental del derecho público americano: el uti posidettis Juris de 1810 o sea que las nuevas nacionalidades del Continente libertado debían reconocer, en la formación de sus estados, los límites establecidos por los distritos audienciales o capitanías.

 

De esa manera la República respetaba la unidad de la Audiencia y la Audiencia era a su vez la jurisdicción establecida por los grupos nacionales del incario. Del derecho a la historia: Bolivia era el Alto Perú, el alto Perú fue la Audiencia de Charcas y Charcas era antes el Kollasuyo.

 

Esto significa: la unidad de nuestros destinos históricos a través de muchas décadas y vicisitudes.

 

¿Será verdad esta frase de amargura? En Bolivia todo es grande menos el boliviano.

Continuara…

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