Posteado por: Carlos Tito | 19 julio, 2006

21 DE JULIO UN DÍA NEFASTO


Por: Carlos Tito Gallardo Lavadenz

C.I. 2819542 SC.

 

El domingo 21 de julio de 1946, los primero rayos del sol anunciaban una esplendorosa mañana, sin embargo el frío invernal era tan intenso que calaba hasta los huesos, como presagiando acontecimientos crueles, protagonizados por mujeres y hombres descontrolados por el odio.

 

El Dólar Americano, la Empresa Privada, la Oligarquía Minera Feudal de Occidente, el Frente Democrático Anti – Fascista, el Partido de Izquierda Revolucionaria Marxista Leninista, el Partido Obrero Revolucionario trotskista y los jerarcas del Movimiento Nacionalista Revolucionario  pro-comunistas desplazados del gobierno, ¡consolidaron! la vergonzosa “Unión de Clases” aprestándose a dar la enfocada final, para defenestrar al presidente Gualberto Villarroel.

 

Ese domingo trágico en las unidades castrenses todo era confusión, algunos militares apoyaban por seguir gobernando, mientras que los más optaron por entregar el poder a una junta civil­-militar. Más o menos a las 9:30 de la mañana 3 aviones militares, en misión de reconocimiento, sobrevolaron la ciudad, los pilotos después de comprobar que grupos de civiles se desplazaban por las calles paceñas, levantando barricadas, retornaron a su base, para rendir el respectivo informe al Capitán Juan Moreira comandante de la Base Aérea Nº 1 del Alto – La Paz, después de una reunión con los oficiales de la guarnición y al no poder comunicarse con el Palacio de Gobierno, vía telefónica, opto por dirigirse a la ciudad en una ambulancia de la unidad, acompañado por los Coroneles Deciderio Carrasco y Abdón Vargas Soto, oficiales del Escuadrón de Transportes Aéreos (ETA), después de sortear algunas barricadas llegaron sin novedad al Palacio Quemado.

 

La sorpresa de los tres oficiales de la Fuerza Aérea Boliviana fue, impactante al enterarse de la renuncia del señor Presidente, trataron de disuadirlo para que revise la extrema medida, además afirmaron que los aviones de la Base Aérea estaban listos para cualquier emergencia, sugiriéndole que podían trasladarlo al departamento que él viese por conveniente, para que siga gobernando lejos de la presión ejercida en la capital, añadiendo que estaban a su disposición como militares subalternos.

 

El señor Presidente Gualberto Villarroel los escucho consternado por las muestras de lealtad, sin embargo respondió, que su decisión de abandonar el gobierno era firme y que lo hacia para evitar excesos posteriores, agregando, que solo esperaba que se hagan presentes los representantes de una junta civil-militar para entregarles su dimisión, para el bien de la patria.

 

Dando por terminada la entrevista les agradeció con un efusivo apretón de manos, los tres oficiales de la FAB., lo saludaron militarmente, e inmediatamente se retiraron para retornar a la Base Aérea, sin imaginar que seria la ultima vez que verían con vida al Coronel Gualberto Villarroel.

 

Antes que el astro rey llegue al cenit, se escucharon disparos aislados y conforme pasaban los minutos estos aumentaban en intensidad.

 

Mientras la Parca canturreando una melodía fúnebre, ¡Afilaba su guadaña! Presta para segar los finos hilos de vida de aquellos valientes que el destino había marcado.

 

Con el pasar de las horas en la ciudad decrecía la balacera, como anunciando el fin del régimen militar, mientras que una turba enardecida, trataba de ingresar al Palacio de Gobierno, sin conseguirlo por la tenaz resistencia de la guardia presidencial y esto se hubiese prolongado hasta que la junta civil-militar se hubiese hecho cargo de la conducción del país.

 

Eso no ocurrió, porque de pronto un tanque de guerra envistió la sólida puerta del palacio, abriendo una brecha, ¡Precipitando los acontecimientos! Y por allí ingresaron los “revolucionarios”, estos más parecían una juria de lobos sedientos de verter sangre nacionalista.

 

Una vez vulnerada la resistencia de la guardia presidencial, aquellos seres sin entrañas arremetieran con furia salvaje, poniendo sus garras en el Presidente Villarroel, sometiéndolo a toda clase de ultrajes, hasta que los más enardecidos lo arrojaron por uno de los balcones que dan a la calle Yanacocha, donde una muchedumbre segada por el odio, dio rienda suelta a sus instintos homicidas, se abalanzaron como hienas hambrientas a darse un festín con aquel cuerpo semi­desnudo con el rostro ensangrentado. Un desalmado grito es Villarroel ¡al farol! Y la turba enloquecida coreaba ¡al farol al farol! Y aquel cuerpo, aun con vida fue arrastrado en un vía crucis inenarrable hasta llegar a un farol, frente al histórico Palacio Quemada y allí el Presidente Gualberto Villarroel fue ¡Linchado!

 

Los caudillos aprendices del materialismo dialéctico, azuzaban a sus seguidores para que sigan ensañándose con los nacionalistas y fueron varios militares los que corrieron la misma suerte de Villarroel al ser ejecutados y colgados en los faroles de la Plaza Murillo y en la plazuela de San Pedro,

 

Cuando las primeras sombras de la noche llegaron, se apaciguaron un poco los terribles actos de barbarie, en una ciudad convulsionada por el odio.

 

Sin embargo no conformes con derramar sangre humana, varios grupos de hombres lobos se desplazaron por las calles paceñas, en una persecución sañuda, buscando a los militares pertenecientes a RADEPA y a los civiles adictos a Villarroel.

 

Así la oligarquía minera feudal de occidente en contubernio con los comunistas criollos, cumplieron sus objetivos al inocular tanto odio en e1 pueblo y estos superaron su maldad al no respetar las más elementales normas por la dignidad humana.

 

Lo paradójico, es que dieron muerte a un militar pundonoroso, al militar que hizo transformaciones trascendentales como ser: La abolición de la esclavitud en Bolivia, el control del cien por ciento de las divisas por la venta de los minerales que hacia la “Empresa Privada” conformada por Patiño –Hoschild y Aramayo, la igualdad de los derechos del hijo natural con él legitimo, la Ley del fuero Sindical y muchas otras medidas que beneficiaron al Estado y al pueblo en general. Nada de eso tuvo valides para los enemigos de la patria y por ello se valieron de aquellos fanáticos admiradores de la hoz y el martillo. ¡Por que la “Rosca” no podía permitir que un puñado de militares nacionalistas les recorten las uñas! La consigna fue eliminar a todo aquel que este en contra de sus intereses.

 

Durante varios días siguieron los desmanes, cometieron toda clase de abusos y no dudaron en seguir linchando a sus oponentes, ante el estupor del pueblo consiente, que observaba impotente tanta barbarie.

 

El repudio de los países del continente no se hizo esperar y a los bolivianos nos tildaron de un pueblo primitivo de salvajes, sin Dios y sin ley por culpa de los que se vendieron al Dólar Americano y al Rublo Soviético.

 

¡La izquierda tradicional de occidente tomo el poder! Pero les dura muy poco, por que la “Rosca” no podía permitir que sus socios los denigraran, por lo que se vieron obligados a ¡expulsarlos! del gobierno.

 

El presidente provisional Tomas Monje Gutiérrez, para justificar su incapacidad y tolerancia con sus socios, conformó una comisión “Investigadora” para aclarar los horrendos crímenes en Challacollo (Oruro) Chuspipata (La Paz y en la frontera chilena), los miembros de dicha comisión no tuvieron la entereza de sentar en el banquillo de los acusados a los autores y cómplices, de los crímenes cometidos, durante el gobierno: Villarroel – Paz Estenssoro.

 

Tampoco se atrevieron a investigar a los interventores y albaceas de los bienes y fortunas incautadas a los alemanes y japoneses residentes en Bolivia y enviados a los EE.UU., como prisioneros de guerra por imposición del gobierno norteamericano. (Los documentos al respecto, más los inventarios del Banco Central de Bolivia estaban en poder del ex ministro de Hacienda Víctor Paz Estenssoro).

 

¿Con estos antecedentes, que moral podrían tener las miembros de dicha “Comisión”, para enjuiciar a los colgadores de Villarroel y de las demás victimas?

 

Es por ello qué prefirieron dar largas al asunto, hasta lograr que todo quede en la impunidad y el olvido.

 

Practica arraigada desde 1946, por todos los gobiernos de turno, de no juzgar ni castigar a los que cometieran delitos económicos y violación a los Derechos Humanas. ¡Para desgracia de la Patria!

 

 

Santa Cruz de la Sierra, 21 de julio de 2006.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: