Posteado por: Carlos Tito | 16 agosto, 2008

Bolivia : Al fin, saltó la liebre


Publicado el 15 de August, 2008
En: La Historia Paralela, Columnistas, Internacional, Marcelo Ostria Trigo

Ya terminando el domingo 10 de agosto, día del referendo revocatorio en Bolivia, muchos quedaron sorprendidos por la excepcional cantidad de votos en favor de la ratificación de Evo Morales, como presidente de la República que, al final del conteo, resultó con el respaldo del 63,1 % de los votos.

Se decía que el Movimiento al Socialismo (MAS) en el poder, estaba preparando en La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba y Pando y, en menor escala, en Tarija, Santa Cruz, Chuquisaca y Beni, un fraude sin precedentes para ratificar a Morales, pero ni los que calculaban la magnitud del fraude preveían semejante caudal de votos a favor del presidente. Varias encuestas coincidían en que habría un estrecho margen entre los partidarios de revocar el mandato del presidente y los que promovían su ratificación. Esas encuestas mostraban un fuerte respaldo a los prefectos (gobernadores) enfrentados al poder central (Santa Cruz, Tarija y Beni). Se decía que el prefecto de Pando, alineado con los anteriores, estaba muy cerca de ser revocado (esto no se dio, fue ratificado) y que los prefectos de La Paz, Cochabamba y Oruro, perderían su mandato, como en efecto resultó.

Enjambres de observadores extranjeros, de organismos internacionales (incluida la Organización de los Estados Americanos, cuya secretaría general viene parcializándose con el populismo boliviano) periodistas y hasta curiosos independientes, se preparaban para observar y ser testigos de este acto electoral sin precedentes en Bolivia. Presidió la misión de la OEA el guatemalteco Eduardo Stein que, muy pronto, mostró que coincidía con Insulza en los afanes de favorecer al populismo de Evo Morales. Por supuesto que el enviado restó importancia a las denuncias ya públicas de fraude anticipado –algunas probadas por la diputada Lazarte- con la emisión de cédulas de identidad dobles, triples y hasta cuádruples, es decir a nombre de una misma persona, pero inscrita en diferentes mesas de votación. Para Stein, eso no afectaba significativamente el padrón, y que el proceso del referendo se mostraba transparente.

Y se votó. Pero el triunfo del presidente, pese a su porcentaje, resultó magro ya que se vio opacado por el enorme respaldo a los prefectos de Santa Cruz, Beni, Tarija y Pando, y por el voto desfavorable para él en Chuquisaca, donde no se puso en juego el mandato de la recientemente electa prefecta de ese departamento.

Al final, saltó la liebre. Tamaño fraude no podía pasar desapercibido, pese a los esfuerzos del enviado de la OEA. Y fueron sus observadores –entre ellos hay también distinguidos personajes- los que desataron lo que puede ser un escándalo de proporciones. La Razón de La Paz hoy encabeza su primera página: “La OEA detectó irregularidades el día de la votación” Y sobre las comprobaciones informa que esas irregularidades se cuantificaron: “En el 32 % de las mesas hubo casos de restricción del voto (se impidió votar a los señalados como opositores). En el 9 % el sufragio no pudo ser secreto. En el 11 % el escrutinio no fue el adecuado”. Todo esto, hay que repetirlo, solo el día de la votación; no se trata de las evidentes trampas en el padrón cuestionado, que los observadores sugieren se le dé seguridad. Pensar que Stein dijo que esos porcentajes no afectan el resultado.

Se comprende, entonces, el poco entusiasmo entre los miembros del gobierno para festejar este resultado. Inclusive el presidente, pese a que mantiene un curso invariable hacia el extremismo, se mostró menos agresivo y más cauto: saludó el triunfo de los prefectos de los departamentos opositores, y los invitó al diálogo –hay malas experiencias en estos ofrecimientos- a la vez que prometió más nacionalizaciones, siguiendo su proclamado afán de “recuperar” los recursos naturales del país. No repitió, al grito de “Patria o muerte”, que aceleraría la marcha al socialismo, nunca precisado si es el castrista o el del siglo XXI que el ideólogo extremista Heinz Dieterich Steffan le regaló a Hugo Chávez.

En esencia, persisten dos preguntas: ¿Que resolvió referendo? ¿Qué cambio en el país? No resolvió nada, sólo profundizó la peligrosa división preexistente. La mayor división nacional es, en realidad, el cambio por nadie deseado. Lo cierto es que se ratifica que una vasta región del país (una mayoría geográfica rica en recursos) sigue cada vez mas alejada del arbitrario del gobierno de Evo Morales. Es una muestra de que no funciona la política de amedrentar, de enfrentar y de chantajear con recortes de recursos de los departamentos “rebeldes”.

Por supuesto que hubo reacciones en el exterior del país, predominando los que instaron al gobierno de Evo Morales y a los prefectos opositores al diálogo que resuelva las agudas diferencias que los separan. Para eso, el oficialismo debe demostrar buena fe, la que estuvo ausente en enero pasado, cuando el presidente y todos los prefectos se reunieron para acercar sus posiciones divergentes.

Y no faltó la chabacana felicitación del autócrata venezolano: Evo Morales, “ha ganado la medalla de oro más grande de juego olímpico alguno”, medalla que Chávez debía compartir, por la coincidencia con sus repetidos fraudes, y por haber participado en el de Bolivia con sus aportes millonarios para la campaña electoral, destinados a las prebendas del presidente Morales.

Y otro exceso: la cancillería argentina afirmó que “la consulta ratifica la legitimidad de las autoridades”, refiriéndose al presidente Morales, socio político de su presidenta, claro, esto antes de las nuevas denuncias de trampas electorales. Se percibe aún el enfado de la gobernante por no haber podido llegar a Tarija de la mano de Hugo Chávez, para un acto de presunta cooperación, pero con tinte de proselitismo en favor de Evo Morales.

Con el “salto de la liebre” –la del fraude y los excesos del oficialismo- este asunto no parece terminado.

Autor: Marcelo Ostria Trigo

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