Posteado por: Carlos Tito | 27 noviembre, 2010

Oportunidad desperdiciada


 

Miércoles, 24 de noviembre del 2010.

Bolivia se convirtió, por pocas horas, en el centro de atención del hemisferio con motivo de la IX Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas.

El discurso del presidente Evo Morales, programado por razones protocolares, no fue esperado con mucha atención por las agencias internacionales de noticias, más interesadas en los acuerdos a los que podían llegar los ministros en un momento tan crítico para la región.

Sin embargo, el presidente Morales dedicó su discurso a ofender a uno de los invitados, el ministro de Estados Unidos, Robert Gates, olvidando una elemental regla de la convivencia humana, que manda a los anfitriones olvidar todos los enconos, como dueños de casa. Nadie invita a una persona a su casa para ofenderla.

El Presidente acusó a Estados Unidos, en presencia del ministro Gates, de haber organizado el ‘golpe de Estado’ de 2008 contra su gobierno. Y luego entró a usar terminología de futbolista cuando dijo que Estados Unidos tuvo éxito en el golpe en Honduras, pero que las fuerzas revolucionarias del continente tuvieron tres anotaciones, en Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Un lacónico documento entregado por la embajada de Estados Unidos dijo luego que el presidente Morales había perdido una gran oportunidad de tratar temas relacionados con la paz en la región, de interés de los ministros de Defensa.

En efecto, la región tiene en este momento amenazas muy grandes, aunque diferentes de las que existían hace pocos años.

El comunismo ha dejado de ser una preocupación para la región después del derrumbe de la Unión Soviética y la actual crisis que agobia a Cuba, un país en proceso de reinserción al capitalismo.

Una amenaza muy grande para toda la región es el narcotráfico, que tiene contra la cuerdas a países como México, Venezuela, Colombia, Guatemala y Nicaragua, y amenaza a Bolivia y a todos sus vecinos.

Proponer una coordinación de los ministerios de Defensa de la región para enfrentar al narcotráfico podía haber sido el aporte boliviano a la conferencia, permitiendo mostrar al hemisferio que el Gobierno del presidente Morales está atento a ese flagelo.

La oportunidad era propicia, pues la Iglesia católica boliviana está insistiendo en estos días sobre la necesidad de frenar el narcotráfico, que domina amplios sectores de la economía y de la sociedad.

Otro tema que pudo tocar el presidente Morales es una coordinación de los esfuerzos de defensa para combatir al segundo flagelo que aqueja a la región: la pobreza extrema.

O se podía haber planteado alguna estrategia que ponga freno a la plaga de charlatanes y demagogos, convertidos en otro flagelo para América latina.

También hubiera sido pertinente proponer planes conjuntos contra la ignorancia, con planes que favorezcan la educación, otra forma de protegerse de los demagogos.

Pero el mejor mensaje que podía haber producido el Gobierno boliviano hubiera sido uno que muestre al país como un lugar seguro para las inversiones, algo en lo que están muy adelante todos los países vecinos.

Quizá fuera propicio ahora que el Gobierno tenga una instancia para señalar al Presidente la dirección de sus discursos, sobre todo cuando se presentan oportunidades como la que acaba de perderse.

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