Posteado por: Carlos Tito | 8 septiembre, 2011

Conflicto de intereses


Susana Seleme Antelo

Las dudas sobre el ser social de Evo Morales –sindicalista cocalero de violentos métodos de lucha– y su compatibilidad con la candidatura a presidente de la ex-República de Bolivia en 2005 están hoy resueltas. Tras casi seis años como presidente elegido, Morales sigue siendo el cocalero pequeño burgués que durante más de 15 años ha retenido la presidencia de las Seis Federaciones Cocaleras de Chapare, furibunda institución sindical cuando defiende sus cultivos. Pero la hoja de coca de Chapare no es apta para el consumo humano, de ahí que está exclusivamente destinada a la economía política de la cocaína y al narcotráfico: es su materia prima.

Al cabo del tiempo, ¿a cuál de sus mandantes sirve Evo Morales? ¿Al Estado dictatorial revestido de democracia, que en los hechos desprecia lo ‘pluri’, o a las bases que cultivan coca para su transformación en cocaína y son, a la vez, su mayor sustento político? Ya no es siniestro afirmar que el bien común de la sociedad boliviana está en grave conflicto con los intereses de los cocaleros y su presidente, que hoy desnuda impúdicamente su impostura y ausencia de ética. Se declaró ‘indio’, salvador y ‘guía’ de los pueblos indígenas, pero no incluye a toda la nación boliviana, pues privilegia a cocaleros, indígenas y ‘clasemedieros’ de occidente, y si es necesario los incita contra sus ‘hermanos’ indígenas del oriente, a quienes discrimina.

El interés de cocaleros y colonos es la expansión de la frontera agrícola de la coca a costa de originarios, flora y fauna de reservas y parques nacionales. Penetran hoy por el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis) de la mano de “a rodovia da coca”, así llamada en Brasil, tras el acuerdo Morales-Lula da Silva, en Chapare en 2008. La consulta previa a indígenas, como mandan la Constitución y la Convención 169 de la OIT, fue a dar ‘a la cuenta del otario’, y así exhibe Morales su falso indigenismo. Hoy ridiculiza, insulta, acusa y criminaliza a 2.000 indígenas, mestizos y dirigentes, agrupados en la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob) que con callado sacrificio marchan hacia La Paz, desde hace 23 días, para salvar el Tipnis. Ni ellos ni los que los apoyan son ‘derechistas’, pero se oponen a la carretera que partirá el parque en dos y dejará su riqueza a merced de insaciables cocaleros, colonos y traficantes de tierra. En tanto, Evo Morales reitera que la carretera se hará “quieran o no quieran”. Se dice que repartir tierras del Tipnis habría sido su promesa electoral y otras voces apuntan que esa obra –con sobreprecio denuncian– retribuye generosas contribuciones de la empresa brasileña que la ejecutará –OAS– a su campaña electoral.

Los indígenas del oriente y la sociedad boliviana no rechazan la construcción de la carretera, sino su trazado porque desintegra el Tipnis. El interés general es la preservación del ecosistema y de la madre tierra, defensa que Morales hizo suya, hoy demostrada grosera hipocresía. Otro interés es la lucha frontal contra el cultivo de la hoja de coca excedentaria que fluye a la producción capitalista de cocaína y mafias narcodelincuentes.

Cualquiera que sea el resultado de este conflicto, los pueblos indígenas del oriente boliviano, sin violencia, le han dado a Evo Morales una lección de ética, dignidad y consecuencia que él no tiene. En octubre, voto nulo.

* Máster en Ciencias Políticas


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