Posteado por: Carlos Tito | 17 noviembre, 2011

De perfecto tirano al tiranicidio


2011-11-03 – 04:52:18

Norma Barón Lijerón

Ser un perfecto tirano es un arte. La escena primera y última de su vida lo pintará de cuerpo entero. Desde el comienzo estará convencido de haber llegado al mundo para cumplir una misión divina, y la gente debería agradecer su nacimiento. En una palabra: Un predestinado. El final es apoteósico pues termina “comido” por las masas a quienes sometió. El tiranicidio llega a su clímax con la profanación del cadáver y su exhibición a la mirada del mundo. Mussolini y su amante, expuestos cabeza abajo desde el dintel de una gasolinera, o Gadafi, victimado por su pueblo y expuesto semi desnudo a la profanación en el frigorífico de un mercado en Misrata. Acto de venganza donde se soslayó la gente que se fotografiaba con el muerto. Complacida la venganza los restos mortales fueron a parar a un sitio desconocido. El comportamiento de las masas es cruel porque el tirano incumplió sus promesas y gobernó a sangre y fuego. La venganza es mayor si el tiranicidio es realizado por ex seguidores. La ecuación: a mayor creencia, mayor la desilusión, es real. La venganza es motor del tiranicidio.

Según estudios realizados los genes de un tirano están alterados. El elemento de base es su enorme ego. Con valores contrapuestos, lo que es un crimen para el común de los mortales, para él es un acto de purificación por el sublime interés de la patria. Otra de sus características es un maniaco depresivo. Tiene ataques de euforia cuando se siente victorioso, y se deprime por adversarios molestos, y entonces los muertos pueden ser cientos o miles. La despenalización de las culpas lleva a un tirano a tener facilidad para ordenar una masacre o un ajusticiamiento.

Los tiranos son showman, producto del marketing político, para divertir y aterrorizar. A un tirano le gusta escandalizar con actos y palabras. Gadafi interrumpió una reunión de la Liga Árabe para ponerse a orinar. O plantaba su carpa en la sede de la ONU. Las poses, vestimentas especiales y lenguaje son para que nadie dude de que es diferente. Para sentirse fuerte necesita de un enemigo interno y otro externo. Hitler contra los judíos, Gadafi contra el imperialismo, en su primera etapa. El tirano necesita de la polarización porque sin ella no sería nadie. Por el culto a la personalidad su figura está presente hasta en la sopa. Es único en la escena política por una esmerada persecución a la oposición. El discurso es mentiroso, burlesco y adjetivado.

No acepta el disenso. Sus allegados están para arrastrar el carro del tirano, no para pensar. Las leyes son hechas a su medida. Un tirano se sitúa por encima de los mortales y convierte a los ciudadanos en sus dependientes. Los recursos del estado son sus recursos. La reversión se produce cuando el tirano se vuelve odiado y temido. De odiado pasa a ser victimado.

Así las masas han ejecutado el tiranicidio. Luego el cadáver será expuesto al escarnio público, antes que los nuevos dueños del nuevo poder lo hagan desaparecer.


Responses

  1. Me parece excelente este analisis del tirano. Cuando lo leia pasaban por mi mente muchos tiranos de antes y del ohora. Fidel, Chavez, Evo…


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